Dafne


Gracias por haberme concedido tanto tiempo tan valioso (aún creído poco por un tonto como yo); es eterno el refugio que te hiciste en mi interior, aún con sus puertas siendo heridas. Gracias por haber elaborado tantos recuerdos conmigo; prometo llevarlos incluso cuando esté prohibido, en lugares lejanos, donde la memoria vuelve a la brisa para fabricar un adiós. Gracias por haber rescatado lo que de mí se perdía; gracias por haberme encontrado, aunque fuese once años tarde y un día. Gracias, hermosa, por haber dormido a mi lado y más todavía por haber conmigo despertado. Gracias por haberme mirado con tus ojos cerrados, por haberme imaginado hasta donde mirabas dormida. Gracias por haberme regalado una deuda infinita que no puedo pagar: haber sido juntos una misma sonrisa. Gracias por haberme dejado tantas cosas escritas que nadie más va a comprender porque nadie más podría. Gracias por haber pronunciado tantas palabras ¡tan lindas! y por no haberme olvidado cuando tal vez lo merecía. Gracias por haberme librado a resurgir, una vez más, desde mis fragmentos de cenizas.

Y, aún lejos del final, debo agradecer a la vida: por haberme permitido conocer a una persona como vos. Perdoname haber querido adueñarme del regalo, del presente infinito que llenaste con instantes; no me culpes por haber deseado devolverte esa alegría, a pesar de haber sido nada más que dos extraños, en el mismo vagón, pero en diferentes vías.

Quizás de eso se trata el amor, quizás de eso, Dafne mía.