El viento


Por culpa de ese viento sería yo por fin casi real o pasaría mis labios por el éter hasta que sin previo aviso su invisible mano me arrancara una vocal y del paladar volviera yo a ser polvo de nada y de esperanzas de esperar. Mientras el mismo viento cuenta hojas de cuadernos sobre el mar, el mismo que trepara once escalones y que abriera puertas al azar revelando más distancia entre el tiempo y el conflicto del amar, y mientras hojas secas responden remolinos a mis partes que no están, pregunto sobre cada página en que se posará hoy el destino por quererla besar. O si, tal vez, en su misión intermedia entre remitir y destinar alcanzara su mano un sobre a un cuerpo y dentro de este sobre hubiera palabras, quizá, o trenes interminables o todo o nada o algo menos o más.

Hubiese de cualquier modo valido la eterna espera. Y sabría en cualquier caso que el viento era el romance sobre los escalones del mar.