Diálogos 1


> ¿Recuerdas cuando hablábamos de los literatos y la literatura y te decía que son los medios y el fin, respectivamente?1 Bueno, el tema del infinito es lo mismo. Si el espacio es infinito, tomemos dos cuerpos cualesquiera y estarán separados por una distancia infinita, lo cual, realmente, no es posible.

¿Por qué no, CanCerber?

> Porque una distancia infinita no puede tener comienzo ni fin, por lo tanto, no es ninguna distancia. La línea imaginaria que une ambos cuerpos debe necesariamente comenzar en uno de ellos y terminar en el otro. Aún podemos hablar de otro tipo de infinitud, aquella que se refiere a la cantidad de puntos que componen esa línea, aunque es ésta otra especie de infinitud -tantos puntos como palabras pueda escribir el Gran Literato-. Pero, volviendo al tema: es obvio que en un universo finito, si tomamos las dos estrellas más alejadas entre sí, las más cercanas al borde mismo del universo, las distancias serán concretas, aún cuando no pudiéramos medirlas por su exageración. Pero cuando un universo es infinito, también lo es toda distancia entre los objetos desperdigados en su inacabable interior. Así que si el universo es realmente infinito, la pequeña distancia entre uno y otro de mis hemisferios cerebrales es, de hecho, infinita. Lo que ocurriría aquí es que sencillamente equivocamos el concepto de infinito.

Comprendo. En un universo infinito ninguna cosa se podría tocar con otra, siempre estarían separadas por una eternidad. La única solución sería hablar de pequeños infinitos, o “infinitillos”, que se encuentran dentro de un universo aún más grande pero finito; aunque me parece poco razonable.

> ¿Desde cuando el universo es razonable? ¿Acaso crees que nuestras mentes pueden abarcar la totalidad del mundo, aún cuando fuera infinitamente finito?_


[1] Continuación de una conversación por IRC que había comenzado más de dos años antes así:

« CanCerber, si tú te quedaras en una isla desierta y pudieras escoger cinco acompañantes, entre ellos, ¿llevarías a un literato?
> Ése sería yo. ¿Cómo no llevarme?
No, tú no te cuentes...
> Ah... El síndrome científico... Pues entonces es inadmisible para mí esa pregunta. Es como cuando uno dice: “si fuera mujer, sería lesbiana”...»